La revolución, impresa en los muros de las calles árabes

 

28.01.2013 · Mónica G. Prieto · (Beirut) Líbano.

El final de las dictaduras árabes promueve una explosión del graffiti en los países donde la revolución fue exitosa.

En Siria y Bahréin, donde los levantamientos siguen activos, el fenómeno se consolida como una forma de expresión del descontento. Sólo el Líbano y Palestina tenían tradición de pintadas en los muros antes de la ‘primavera árabe’

 

(Mónica G. Prieto)

En noviembre de 2011, diez meses después de que la sorpresiva caída del dictador tunecino Ben Ali a manos de su pueblo activase un histórico proceso de revoluciones en el mundo árabe, una inquietante pintada apareció en La Goulette, el principal puerto de la capital. El póster representaba a un Ben Ali gigante y sonriente, cómodo en la altura desde la que observaba a sus conciudadanos. Los vecinos de La Goulette se reunieron frente al mural, inquietos e incómodos, casi asustados por el regreso del tirano, y un grupo de hombres no tardó en subir al edificio para deshacerse del incómodo recuerdo: debajo del mismo, un segundo póster les advertía: “Atención, la dictadura puede regresar. El 23 de octubre, VOTA”.

Egipto (AP Photo:Nasser Nasser)

Una de las expresiones más visibles del éxito de las primaveras árabes en cuanto al aumento de libertades se refiere es, precisamente, la aparición masiva de graffitis, una forma de expresión tajantemente prohibida por dictaduras especializadas en borrar cualquier amago de disidencia. En los países donde los procesos se saldaron con la caída de los regímenes autoritarios, como Egipto, Túnez, Libia o Yemen, hoy las pintadas han convertido los muros de las ciudades en improvisados periódicos donde cualquiera puede lanzar su crítica o su mensaje. “Antes, aunque no estaban autorizados, sí existían a muy pequeña escala, pero no eran visibles. Ahora no se pueden evitar en las calles, hay una verdadera explosión de mensajes. No se puede decir que el graffiti árabe haya renacido con la revolución pero sí hay un antes y un después de las revoluciones”, explica a Periodismo Humano Marwan Kraidy, profesor de Comunicacion Global de la Universidad Pennsylvania y especializado en el graffiti como fenómeno de expresión, en una entrevista mantenida a su paso por Beirut.

La directora de la fundación Saradar, Tania Helou, una de las más reconocidas expertas libanesas en el mundo del graffiti –dedicó su tesis doctoral a analizar el impacto del graffiti en la guerra civil, y dispone de una vasta colección de fotografías de esta forma de expresión que comenzó en 1975- coincide con el egipcio Kraidy en lo extraordinario del fenómeno. “En Oriente Próximo, hasta ahora era una rara forma de expresión contra los regimenes políticos. En 1975, sólo se vinculaba a la violencia, a la política y a la guerra. Comenzó en Líbano y en Palestina, y más tarde muy tímidamente en países árabes como Jordania o el Golfo, donde no es algo generalizado ni reconocido. En su esencia, es una actividad ilegal en la región. Con la primavera árabe el fenómeno se ha revitalizado, la juventud revolucionaria ha pasado de forma espontánea y natural al graffiti como forma de expandir su mensaje en su país y en todo el mundo”.

Egipto (AP Photo:Nasser Nasser)

Los primeros graffitis animaron al resto, como lo hicieron el éxito mismo de las insurrecciones sociales en Egipto, Yemen, Libia o Túnez. Resumían lasdemandas y las frustraciones del pueblo, señalaban los fallos del sistema, recuerdan los desafíos pendientes y los rostros de quienes oprimen y también de quienes dieron la vida por un futuro de esperanza y no de represión. “El grafiti refleja cambios políticos, pero también es precursor de lo que puede ocurrir. En Egipto, después de la caída de Mubarak hubo una etapa de desilusión durante la toma de poder del SCAF de la que los periodistas no hablaban, pero sí podías ver graffitis criticando a la Junta Militar. Cuando no había aún manifestaciones, sí había pintadas. Hay una relación simbiótica entre lo que se ve en el muro y la realidad”, incide Kraidy.

Una irónica representación de Nefertiti, en las calles de Cairo. (Facebook)

Durante los meses que transcurrieron tras la caída de Hosni Mubarak, se creó un extraño juego en las calles del Cairo: por las mañanas aparecían cubiertas de graffitis que horas después serían borrados por los agentes del orden para, a la mañana siguiente, resucitar con más fuerza, más ironía y más color. “Era como si los muros estuviesen vivos”, comenta una profesora cairota cuya residencia se encuentra cerca de la calle Mohamed Mahmoud. Las críticas contra el nuevo presidente, el islamista Mohamed Morsi, que salpican los muros también suelen ser repintadas por la policía.

El pasado septiembre, un mural gigante en una de las calles próximas a la Plaza Tahrir fue repintado por la policía. A la mañana siguiente, el mismo muro había sido rellenado con imágenes, muchas de las cuales criticaban al presidente y a los Hermanos Musulmanes. “Sois un régimen al que le asustan las brochas y los bolígrafos, oprimís y marcáis a los oprimidos. Si hiciéseis lo correcto, no estaríais asustados de lo que pintamos. En el fondo de vuestros corazones, sois unos cobardes”, rezaba una de las pintadas.

El fenómeno es tan imparable y está tan asociado a la revolución que, al fin y al cabo, aupó a los Hermanos Musulmanes al poder, que el primer ministro Hisham Kandil ha condenado la limpieza de pintadas, argumentando que “va en contra del intento de preservar la memoria de la revolución”.

En Egipto, los artistas gráficos implicados en el graffiti han publicado Wall Talk, un libro que recopila, en sus 680 páginas, fotografías de los cientos de pintadas que se han realizado en las calles egipcias desde el 25 de enero de 2011 hasta la actualidad recorriendo así la revolución de forma gráfica. En Yemen, los mismos que hicieron la revolución armados con botes de pintura han evolucionado hasta reunirse en un colectivo, Alwan al Hayah, o Colores de la Vida, para poner color a las calles de Taif inspirándose en el trabajo del olvidado artista Hashim Ali. En Libia, el fenómeno sorprendió poniendo color a un país cuyo régimen había negado cualquier tipo de libertad de expresión a sus ciudadanos: hoy son muchas las pintadas que se mofan del ex dictador como si sus autores se vengaran de décadas de represión.

Egipto (AP Photo:Nasser Nasser)

En Bahréin, donde el desenlace de la revolución está pendiente, las pintadas son menos sofisticadas dado que siguen siendo clandestinas: suelen exigir la caída de la dictadura de los Hamad –en el poder desde hace dos siglos- y muchas veces representan a la Plaza de la Perla, icono de las manifestaciones multitudinarias que iniciaron la actual revolución bahreiní y también de la represión d régimen: la plaza en sí fue finalmente demolida por los autoridades para acabar con el símbolo de los insurrectos.

Una representación de la Plaza de la Perla, en las calles de Manama.

Ocurre algo parecido en Siria, donde la revolución inicial transcurre en paralelo a la guerra civil que ha promovido el régimen. Las pintadas son omnipresentes pese la venganza de la dictadura contra sus autores: no hay que olvidar que fue una pintada elaborada por unos adolescentes en el muro de su escuela en Daraa –Al shaab yurid isqat an nizam, o El pueblo quiere la caída del régimen– la que detonó la actual situación. Los alumnos fueron detenidos y torturados, generando protestas reprimidas con disparos que no tardarían en extenderse a todo el país.

Según Rana Jarbou, autora del libro Arabian Walls –un repaso de la historia del graffiti en el mundo árabe que incluye 11 países- el empleo de esta técnica comenzó en Siria en 2008, con el cortometraje Al Rajool al Bakhakh, el Hombre del Aerosol, la historia de un graffitero sirio que comienza una campaña de pintadas contra la contaminación. Termina entregándose a las autoridades y le encierran en una celda de muros blancos con botes de spray: su tortura es ver su trabajo cubierto de pintura blanca cada vez que lo termina. “Ahora hay un hombre del aerosol en cada ciudad y cada pueblo de Siria. Los jóvenes saben que su trabajo será borrado inmediatamente, así que lo inmortalizan en vídeos de YouTube”.

“Antes, en Siria, no había forma de hacer graffiti porque había demasiado miedo”, asegura Helou. Uno de los activistas más destacados de Homs, Al Jedd, detenido por el régimen hace menos de un año en Aleppo, explicaba a Periodismo Humano que tener un bote de pintura o una cámara de vídeo es considerado un crimen mucho más grave que tener un arma. Son muchos los graffiteros que han sido arrestados –Mohamad Khanki en Damasco, Mohamad Ratib en Homs, o el propio autor del guión de Al Rajool al Bakhakh- pero eso no desanima a los activistas, que han llegado a establecer una Brigada de Sprayman.

 

“Hasta las revoluciones árabes, no se podía hablar de graffiti político en el mundo árabe”, prosigue la directora de la Fundación Saradar. Líbano, y sobre todo Palestina, fueron las excepciones durante décadas a la represión de los mensajes políticos. El muro israelí levantado sobre enormes sectores de Cisjordania –conocido como el muro del apartheid– ha atraido a artistas locales e internacionales que han abierto ventanas, con sus diseños, en las mentes de los cercados por el cemento. En el país del Cedro, el graffiti atravesó su época más vital precisamente cuando el país se desangraba. “Entonces se empleaba como forma de división sectaria y política, eran usados para interferir en los barrios a causa de la inmadurez de los grupos, que pretendían dominar al resto. La única lección de aquello fue la imposibilidad de dominación, y eso se refleja en la actualidad, donde la coexistencia es un deber dado que somos una sociedad multiconfesional”, explica Tania Helou. “Ahora suele llevar mensajes de unidad. Antes delimitaba los territorios de una u otra milicia, ahora su presencia en toda la ciudad refuerzan la unidad de Beirut”.

Egipto (AP Photo:Nasser Nasser)

Eso explica que hoy en día, las pintadas en Beirutsean apolíticas. La novedad en las calles libanesas es la extensión del fenómeno y también la calidad del graffiti, si bien una iniciativa de Beirut Art Center –con apoyo de la Fundación Saradar- tuvo mucho que ver. Fue bautizada como White Walls y tenía como propósito “convertir la ciudad en la continuidad de la exposición en la galería”, explica a Periodismo Humano Shiska, uno de los graffiteros más conocidos del Líbano. Quince reputados artistas internacionales decoraron el interior de la galería beirutí y también varios muros esparcidos por toda la ciudad, convirtiendo a toda la capital libanesa en una exposición por sorpresa.

“El muro blanco del Beirut Art Center se convirtió en los muros blancos de la ciudad y viceversa. La gente venía, cogía un mapa y continuaba viendo la exposición en toda la ciudad”, continua Shiska. La idea era concienciar al público sobre lo que suponen los graffitis sin herir sensibilidades. “No quisimos tocar temas sensibles: ni religión ni política”, continúa el artista durante una entrevista mantenida en la cafetería de la galería. “Los graffitis de ahora son muy diferentes a los de los años 70 porque somos una generación harta de ser relacionada con la guerra”.

Egipto (AP Photo:Ahmed Ali)

 

Un mural del artista chileno Inti decora aún un edificio en la calle Hamra de Beirut. (M.G.P.)

El joven admite que, en comparación con cualquier otro país árabe, el Líbano es un lugar privilegiado para hacer graffitis. Son escasos los casos de detenciones ya que, en teoría, la técnica es legal, aunque sí se producen arrestos. “Te pueden detener por dañar la propiedad pública, aunque sólo pasa cuando el mensaje molesta. Además preferimos cierta dosis de adrenalina mientras trabajamos porque, si no, no lo disfrutas”, dice con media sonrisa. Para Shiska, en graffiti es una forma de expresión y una forma de arte diferente, porque incluye vandalismo. “Demuestra la revulsión contra el sistema, puedes destruir un muro y puedes embellecerlo. Se puede decir que vandalizamos de forma positiva”.

“Hay que destacar la evolución del graffiti como arte callejero, actualmente las técnicas y la creatividad están cambiando la percepción pública. Era uno de los objetivos de la exposición, embellecer las calles y dar reconocimiento a graffiteros libaneses como artistas con una necesidad de expresarse en lugar de vándalos”, añade Tania Helou.

Nada que ver con la situación que viven los países donde las revoluciones no han terminado. “En tiempos de guerra o de cambios mayores, el vandalismo no tiene sentido”, apunta Marwan Kraidy. Para él, uno de los grandes cambios del mundo del graffiti ha sido la irrupción de Internet, pero no siempre de forma positiva. “Por un lado, el graffiti viaja por Internet extendiendo el mensaje. Hay una página Facebook que recopila los graffitis srios y que está siendo llevada por activistos egipcios, y muchas imágenes son colgadas con suficiente calidad para que cualquiera pueda imprimirse plantillas en casa y representarlas en cualquier momento y en cualquier lugar. La parte negativa es cómo se están creando celebridades de gente que siempre actuó de forma anónima”.

 

 

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